Tema & Meta – El Anagrama Pogüerful

Pogüerful

  1.   Sinopsis
  2.   Notas de Dirección
  3.   Notas después del Pre-EstrEno
Pogüerful es una obra concebida y escrita por Bibiana Monje,
adaptación dramatúrgica y puesta en escena con Enrique Pardo.
Se presentaron dos pre-estrenos en Las Palmas de Gran Canarias
el 12 y 13 de abril de 2019. Es la segunda colaboración entre
ellos – la segunda folie à deux: locura a dos. La primera se
titulaba LACURA.
Pogüerful : https://www.bibianamonje.com/pogueerful

Artículo sobre LACURA, Emotional Pornography (en inglés)

1 – Sinopsis

Sinopsis de Bibiana : « Tras el intento fallido de invocar las fuerzas sobrenaturales en un patio de butacas, una joven autora con ansias esotéricas, consigue parar el tiempo y abrir, por error, una brecha en la realidad, dejando escapar la absurda consciencia del equipo y los espectadores.  Resultado: ‘Magia potagia’ »

Sinopsis de Enrique :  « ¿Que es lo que pasó en Guatemala? El hecho es que, con sus antecedentes familiares en Canarias, pero también en California (el abuelo Castañeda, autor del Don Juan del Peyote, y su padre, el aventurero y mala bestia, Indiana Jones),

 

Carlos Castañeda

Sheila Monje se gradúa de la Universidad de Los Ángeles (ángeles, ¡tomen nota!), en antropología (lógico). Y decide confrontar la realidad “en el terreno”. Contacta por internet una familia en Guatemala, especialista en “chamanizar” a jóvenes gringos. ¡Ojo con esa familia! Hasta aquí todo es plausible. Pero entra la Autora, Bibiana Monje, que, por admiración (y probable enamoramiento) toma el avión con la intrépida Sheila.

Anais Nin

Hay que decir que la genealogía de Sheila tiene mucho cuento y que el abuelo Castañeda tuvo como madrina a nada menos que a Anaïs Nin – la inventora y reina-mitómana de la bio-ficción. Y es así como la burbuja metafísica inventada por la autora explotó en Guatemala. »

2 – Notas de Dirección  –   El Anagrama TEMA & META

Anais Nin, supuestamente; (Lucía Camo?)

El gran filólogo franco-canadiense Luc Brisson me dijo un día que los filósofos modernos están pasando por alto las raíces mitológicas del pensar humano: demasiada razón, insuficiente ficción, ignorancia del mito, y que por eso no logran darle la vuelta y relativizar el exceso de raciocinio. Se pierden, se secan. Xavier Papaïs, un filósofo que quiero mucho, dio en el clavo: Heidegger se encerró en una torre metafísica, que no tenía ni una sola ventana etno-antropológica (el añade: “sociológica”). No dejaba entrar el tejemaneje humano, el aire de la respiración mítica, de la imaginación. La mente necesita el cuento y sus emociones para poder airearse y respirar. Los mitos saben más que nosotros; traicionan y revuelcan nuestras lógicas. En su tiempo lo hizo la tragedia, hoy, el teatro coreográfico. Pogüerful, como resultado escénico, es fruto de una tal respiración, de ventanas abiertas, y de un diálogo creativamente desequilibrado entre ideas y cuento, entre metafísica y ficción.

Lo mío con Bibiana Monje es una sorprendente y agradabilísima colaboración. Y eso que yo podría ser su abuelo, con un par de padres precoces. Pero aún más sorprendente es el hecho de que, para mí, ella es la filósofa y yo el mitógrafo. Eso sí, queda claro que ambos somos mitómanos: ella se inventa su metafísica apasionada, melancólica, enrabiada y rebelde – más bien de ciencia ficción, y a veces de ‘cuento chino’ – pero siempre de corazón, y con amor al anthropos.

La Autora rehén.

Me toca a mí amarrarla al escenario para que puedan surgir de sus textos los cuentos y las emociones, así como las traiciones indispensables si es que vamos a despabilar, en primer lugar, a su alter-ego, a la que llamamos Sheila Monje: joven etnóloga californiana tan simpática, hija de Indiana Jones, nieta de Carlos Castañeda, con muchas ganas de cuento, pero algo ingenua. Luego se trata – y esto es más complicado – de sujetar a la Autora, y amarrarla porque se le ha antojado nada menos que subirse al escenario con sus personajes. ¡La pobre! ¡La que le espera! Hubo que amordazarla para que deje que sus propios textos digan lo que saben – ¡y saben más que ella! Fíjense bien en como esos chamanes cuatreros, de mala fe y falsa familia, mafiosos e iniciáticos (¡ojo con eso!), la amarran y amordazan, literalmente, y, ¡durante tres escenas enteras!

El ginecólogo iniciador

Salimos todos en busca de meta-teatro: y, si se da el caso, como dice la misma Autora, de que “todo esto es mentira”, ¿Cuál viene a ser la meta de este meta-teatro? Es aquí donde hay un anagrama crucial: META y TEMA. Le voy a dedicar unas cuantas líneas porque me parece fundamental para esta obra, y para el acto teatral en general. La palabra ‘meta’ tiene una curiosa historia, y, que yo sepa, solo en español se usa como ‘fin’ y ‘finalidad’. Existen incluso ¡guardametas! En general, ‘meta’ suele aludir a un más allá; a veces mortal, pero sin que necesariamente haya muerte de veras. Hay muchas clases de ‘muertes’, y muchas ‘metas’. En el teatro, se usan dos, fundamentales: la metáfora y la metamorfosis. Cuando visité Atenas por primera vez, me quedé plasmado al ver que a los autobuses los llaman ¡‘metáforas’! Claro, se trata simplemente de transporte, de vehículos que trans-portan (meta-pherein) de un lugar a otro. La cosa se pone más ardua cuando el transporte es de una realidad a otra. Y encima, la meta que yo buscaba en Atenas ¡era el autobús para ir al oráculo de Delfos! Hoy en día, si pensamos en lo que implica ‘meta’ como ‘trans’, y ‘trans’ como ‘meta’, podemos ver ¡que lección nos están dando los estudios de género y el teatro de la sexualidad! Meta sabe ser subversiva, transgresiva; violenta incluso.

Metis, bajo el trono de Zeus

Meta y tema son figuras opuestas. En el caso nuestro, vendrían a ser Sheila y la Autora. En la mitología griega son dos importantísimas diosas: Metis y Themis. ¡Y no se llevan bien, para nada! Metis mete cuento, mete ‘meta’; tiene ingenio, es pícara, desenvuelta, tramposa, alegre, ligera, oportunista y jaranera – y sobre todo cuando se trata de normas, narrativas o éticas, o de leyes dramatúrgicas. No le gustan las reglas. Themis, en cambio, dicta el tema y ejerce el control temático: lógica, orden, policía y justicia son lo suyo. Sus palabras clave son: autoridad, autoría, autora. Entre meta y tema está el nexus teatral, el “hueco en el fondo del mar” de un teatro coreográfico: ¿Cómo crear una danza de textos y contextos, de ideas y emociones, de metas y temas? (La canción sería: “Que no se meta con mi tema…”)

Bibiana de Sheila Monje

Sheila tiene ingenio pero es ingenua. Sin embargo, pienso que es ella, (Sheila-Bibiana, la Californiana), la que lleva a Bibiana-La-Autora hacia una iniciación chamánica, oscura y peligrosa; es ella la que la ‘mete’ en este lio, la que crea el revuelo temático. Lo hace sin darse cuenta, de puro instinto, de pura curiosa, sin medir las consecuencias. Al avanzar la obra las dos figuras entran en simbiosis, fusionan: nos adentramos en aquello que el psicoanálisis francés llama folie à deux: locura compartida.

Fue el autor siciliano Luigi Pirandello quien abrió el tema ‘mético’ en la literatura teatral con su obra Seis personajes en busca de autor, de 1920. El teatro de hoy, en sus tendencias ‘méticas’, le debe mucho. Desde luego nosotros. Pirandello, además, estaba casado con una mujer ‘mética’: se volvió loca y acabó su vida en un manicomio. Le otorgaron el Premio Nobel en 1934, debido a “su poder casi mágico de transformar el análisis psicológico en buen teatro.” Hubo muchísimo dolor también, y, ¡Qué pena que los señores del Nobel tuvieron que añadir ese “casi” al “mágico”! Pirandello era un mago-artista. El siglo 20 le tuvo mucho miedo a la magia. La erradicó; la remplazó con nociones tibias y lingüísticas como “eficacia simbólica”. La encerró en manicomios oscurantistas, en cárceles arcáicas. Hoy hay artistas y filósofos que admiten que la magia le da al anthropos, a lo humano, el horizonte mental más amplio de todos, y que por eso mismo hay tanto miedo, y, hoy, tanta preocupación política. La cosa es mucho mas Pogüerful de lo que pensábamos, y de lo que queremos admitir.

P.S. Ah, se me olvidaba una cosa: ¿Qué es eso de que: “Todo lo que no es amor, es teatro”? El embeleco de una monja mética, digo yo. ¡Un tapujo trapiche, una trampa tramoya, una ratonera, un timo! ¿De una monja maga mañosa? Cuidado… A menos que con todo este lio la Autora se haya vuelto evangélica, o incluso: cientóloga… ¡A ver si nos lo explica!

Enrique Pardo, Madrid, 8 de febrero de 2019.

 

3 – Notas después del pre-estreno

Las Palmas de Gran Canarias, el 14 de abril de 2019

Lo que emergió ante todo del montaje dramatúrgico de Pogüerful – que muchas veces era de hecho una re-escritura interpretativa de los textos, que, además, cambiaba casi de ensayo en ensayo (con la previsible alarma en los interpretes que pedían fijar la obra para poder trabajarla) – fue el desdoble de Bibiana Monje entre Autora y Alter Ego, entre Bibiana y Sheila Monje. Debo decir que lo logra fenomenalmente bien y que es la movida que anima esta aventura. Fue una construcción paulatina a partir del día en que Bibiana me pregunto quien yo creía que ella era en la obra. Le contesté: “La hija de Indiana Jones”. De la buena gracia con la que acogió la ‘injuria’ surgió el desdoble. Hace falta compartir tino y buen humor para dirigir a la autora, y para que se deje dirigir en su propia obra, y encima actuando de autora. Es un asunto muy delicado porque por ahí rondan todas las autoridades; contrarrestar estas fue mi primera propuesta artística. A mi parecer, lo logramos plenamente, y con alma.

Freaks (1932)

Para jugar a dos personajes se requiere un toque de pantomima, y hay muchas convenciones de como significar los cambios. Ya lo hizo Bibiana en su primera obra, Lacura, actuando cinco o seis personajes. Pero aquí, en Pogüerful, surgió además una simbiosis especial entre Bibiana y Sheila; incluso hay algo de una fusión siamesa, con tonos homo-eróticos inesperados y conmovedores. En el horizonte de antecedentes artísticos, mas bien inocentes, están las hermanas siamesas de la fabulosa película de Tod Browning, Freaks (1932).

El buzz en los medios de Las Palmas antes de los pre-estrenos hablaba de obra “surrealista”: ¿A ver quien entiende? ¿Como reaccionaría el público a las rupturas narrativas y disloques ‘dislógicos’? Para mi esos dos pre-estrenos, ya con todos los efectos video, sonoros y de luces a punto, cuajaron el lugar y la unidad de la obra, y, a que nivel se sitúa. Hubo, a mi parecer, repito, simbiosis entre la propuesta metafísica de Bibiana (lo que a veces denomino ciencia ficción), y mi necesidad de continuidad y complejidad psicológica (que considero mitológica).

Bibiana me preguntó: “¿Se ve el viaje?” Tiene razón de hablar de “viaje”: la obra es algo así como una odisea, homérica y cósmica (pienso en Kubrick y su Odisea 2001 – que veo como cercana a las preocupaciones metafísicas de Bibiana: por ejemplo, Hal, el ordenador de la nave espacial de Kubrick). Hoy se denomina como ‘surrealismo’ cualquier disparate, sobre todo si nos perturba y nos deja perplejos. Pasa algo parecido con la idea de arquetipo. Creo que estas dos nociones, entrelazadas, han abierto horizontes que seguiremos explorando durante muchos años; yo diría, siglos. Es una aventura muy “pogüerful”, y muy exigente, y que inevitablemente crea un cierto vértigo ante lo desconocido.

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